El delivery no está roto. Funciona exactamente como se diseñó.
Lo que pasa es que no se diseñó para ti.
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Un restaurante es un productor.
Nadie le pide al que cultiva tomates que monte una campaña de publicidad. Nadie le pide al que fabrica sillas que negocie con cinco plataformas y persiga a un repartidor. A tu cocina, sí.
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Lo llamaron digitalización. Era un segundo empleo.
Fotos de producto, fichas, precios, promociones, incidencias, valoraciones y cinco liquidaciones a final de mes. Nada de eso es cocinar. Y todo eso cae sobre la misma persona que a la una y media tiene doce comandas encima.
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El trabajo fue bajando por la cadena hasta llegar a la cocina.
Cada eslabón se quedó con lo que sabía hacer y soltó el resto. El último de la fila era el que cocina, y ya no había nadie debajo. A eso se le llamó oportunidad.
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Nadie compró nunca la comida.
Se construyó una industria entera sobre no adquirir el producto: conectar, listar, cobrar un porcentaje, repartir. Todo menos comprarlo. Y lo que nadie compra, nadie lo defiende.
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Si se vende, cobran todos. Si no se vende, pierdes tú.
Ese es el contrato que se le ofreció a la restauración durante quince años. No hace falta que nadie sea el malo para que el resultado sea ese: basta con que falte alguien que compre.
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Las plataformas tampoco eligieron este lío.
A un marketplace le pedimos que gestione miles de restaurantes de uno en uno: fichas a medias, fotos que no venden, cocinas que cierran sin avisar, cancelaciones a las nueve de la noche. Ese nunca fue su oficio. Es que no había quien lo hiciera.
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Nosotros compramos la comida.
Acordamos qué puedes preparar y a qué precio, y te lo pagamos. Se venda o no se venda. Ese es todo el cambio, y lo cambia todo.
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Una sola contraparte. Para la cocina y para el canal.
Un catálogo que alguien mantiene, una disponibilidad que es verdad, un responsable cuando algo sale mal y una sola factura. No venimos a ser otra pantalla en tu cocina: venimos a comprarte.
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Tu única obligación es cocinar bien.
Ni fotos, ni fichas, ni comisiones, ni repartidores, ni conciliaciones a final de mes. Cocinar. Y cobrar.
Dinos qué puedes cocinar. Nosotros hacemos que se venda.
Tú decides qué vendes y cuánto cobras. Nosotros hacemos el resto.
Sube un producto con tu precio, disponibilidad y tiempo de preparación. Apetitus lo convierte en una oferta atractiva, lo publica y te envía el pedido cuando toca prepararlo.
Foto, descripción y carta adaptadas a cada canal.
- Qué producto puedes servir
- Cuánto quieres cobrar
- Cuándo está disponible
- Cuánto tardas en prepararlo
- Presentarlo para vender
- Publicarlo en los canales
- Cobrar al consumidor
- Coordinar y liquidar el pedido
Una entrada sencilla. Todas las rutas útiles.
Productos, no configuración de ecommerce
Sube un plato, un artículo de tienda o un paquete de experiencia cerrado. Apetitus los agrupa y presenta allí donde se vendan.
Tu marca u otra marca
Un producto puede venderse con la identidad de tu restaurante o en una marca virtual elegible sin cambiar cómo lo suministra tu cocina.
Sin gestionar canales
Tu oferta puede llegar a webs directas y marketplaces sin que gestiones cada relación comercial.
Un solo flujo comercial
Apetitus vende, cobra, coordina y liquida la comida suministrada por tu cocina.
¿Qué puede preparar tu restaurante?
Dinos un producto, tu precio de suministro, disponibilidad y tiempo de preparación. Evaluaremos dónde puede venderse y volveremos con un siguiente paso concreto.